
Finalmente el verano ha llegado a España y parece que esta vez es para quedarse. Hasta ahora la temporada ha sido un poco rara y, gracias a Dios, no pasamos mucho calor, pero ya me dicen que en Andalucía están empezando a “asarse”.
En estas situaciones echo mucho de menos los helados italianos porque todavía no he encontrado nada parecido aquí en España.
He provado varios que me aconsejaron mis amigos españoles garantizándome que iba a probar el mejor helado del mundo (o por lo menos de España). Hasta el momento ninguno estuvo a la altura; son mucho menos cremosos y sabrosos de lo que estoy acostumbrado. Además no entiendo como en varias cafeterías que venden helados, en lugar de productos artesanales hay tarrinas de Carte d’Or; están bien como sucedáneo después de una comida en casa, pero si lo compro paseando por la calle para mi existe sólo el helado artesanal.
Todavía no me rindo y quiero comprobar que tal lo hacen en la heladería de un amigo mío de Zamora (La Valenciana) porque todo el mundo me dice que es increible. Además, hablando con él, me parece que tenemos la misma idea sobre cómo tiene que ser un helado. Con él hablé también de lo raro que me pareció no encontrar helados artesanales en invierno en España. En Italia se come menos que en verano pero se puede encontrar tranquilamente y para mí es la gloria del paladar…
Os señalo una feria de helados que se organiza en uno de lo primeros pueblos de montaña que encuentro yendo a la casa de mis padres en las Dolomitas: Longarone.
Es todos los años a principios de diciembre y reune a los mejores heladeros de varios países de Europa. Puede ser una buena variante durante unas vacaciones por Venecia, un buen helado y luego seguir un poco más para ir a esquiar en las pistas de las Dolomitas.


Recent Comments