El domingo fue un día de deporte maravilloso para los españoles y nefasto para mi.

Personalmente he tenido que aguantar la afortunada victoria de Alonso en el Gran Premio de Europa y la triste actuación de Michelín en el Gran Premio de Indianapolis (a pesar de todo sigo creyendo que al final Valentino se inventará algo y será campeón del mundo). Por otro lado, los amigos españoles no se conformaron con la Fórmula 1, sino que celebraron también a Nadal que ganó el torneo de Stuttgart, a Contador que ganó la etapa del Tour de France en el Plateau de Beille y Sergio García que casi se llevò el British Open de golf (quiero subrayar que yo también disfruté por Nadal y Contador).
Estos resultados me han hecho apreciar una vez más una característica de la sociedad española que llevo observando desde el principio de mi estancia. Lo que creo es que este buen momento del deporte español (recordamos también la selección de baloncesto con la estrella Pau Gasol, los muchos tenistas y pilotos de alto nivel, los equipos de balonmano y de fútbol sala…) nace del apoyo que sus protagonistas reciben de toda la sociedad (obviamente además de muchos otros factores).

Este apoyo a veces me parece ridículo y exagerado, pero crea un entorno positivo donde se pueden desarrollar los talentos naturales. El caso Alonso es muy llamativo (aunque para mí bastante molesto). Cuando estuve en Pamplona en el 2001 me resultaba casi imposible ver los Grandes Premios de Formula 1. A los españoles no les interesaban y por eso los interrumpían con publicidades muy largas y a veces se cambiaba la programación a mitad de la carrera. Muy pocas personas conocían ese mundo y por eso no era un problema.

Luego llegó Alonso y Tele 5 apostó por él. Hablaban de su vida en todos los telediarios, cada prueba tonta que hacía parecía una noticia que merecía la pena destacar y, cuando empezaba el mundial, su cara aparecía por todos lados.

El resultado ha sido increíble. La gente empezó a ver todos los Grandes Premios por muy temprano que tuviesen que despertarse, se veían camisetas azules de Renault por la calle y se empezó a escuchar hablar de repostajes, de pole positions y de vueltas rápidas. Esto ha permitido a Alonso recibir un apoyo incondicional de Renault y de muchos patrocinadores que veían en él la puerta para conquistar el mercado español y los resultados han llegado.

Ahora por fin hay gente que empieza a criticarle por ser tan prepotente y presumido pero sólo porque es realmente imposible aguantarle (Lobato, el comentarista de televisión menos imparcial que he escuchado en mi vida, y pocos más son tan cegados que no se dan cuenta).

En Italia este apoyo incondicional, constante y duradero lo reciben muy pocas personas y, en cambio, siempre hubo dualismos muy fuertes. Italia es el país de Coppi y de Bartali, de Rivera y de Mazzola, de Rossi y de Biaggi… y muy a menudo se prefiere que gane un extranjero antes que el atleta nacional que no es nuestro favorito. Nadie quiere tener que aguantar los chistes y las celebraciones de los aficionados del otro bando: “Mucho mejor que se celebre el triunfo muy lejos de donde vivo”.

Otro ejemplo que va un poquito más allá de lo deportivo, es la asignación del Expo 2008 entre Zaragoza y Trieste. Yo me enteré de que Trieste estaba compitiendo sólo porqué me encontraba en España; de hecho en las noticias italianas el hecho casi no apareció. En este caso también el apoyo popular y mediático que recibió Zaragoza le permitió conseguir el resultado esperado.

Todo estas reflexiones me provocan un poco de envidia pero luego pienso en los mundiales de fútbol y me quedo mucho más tranquilo :-)