Aquí estoy, por fin de vuelta después de mis vacaciones lejos de ordenadores e internet. Fácilmente podéis imaginar cuales fueron mis destinos, un poco por España y un poco por Italia.Os contaré en los próximos posts algunos detalles de los viajes que hice este verano. Hoy me limito a enumerar los momentos principales de nuestros días en Italia para que podáis tomar nota como ejemplo para unas posibles vacaciones futuras.
Estrella y yo ya llevábamos unos días en Italia cuando llegaron mi suegra y mis cuñados. Para mis sobrinos y mi suegra era la primera vez en Italia y por eso el primer día seguimos una ruta bastante típica por Verona (Arena, casa de Romeo y Julieta (bastante patética…), Catedral y San Zeno). Para dormir regresamos a casa de mis padres en Treviso.

La mañana siguiente dimos un rápido paseo por mi maravillosa ciudad (zona de la “Pescheria”, zona de la Universidad, San Francisco, Rivera Santa Margherita, Piazza Duomo, Loggia dei Cavalieri, Calmaggiore y piazza dei Signori).

Me gusta subrayar que a todos les encantó la ciudad y confirmaron lo que siempre digo: es el mejor sitio donde alojar para visitar Venecia…

Por la tarde nos fuimos a mis adorables Dolomitas que no nos recibieron muy bien. Fuimos hasta Cortina y nos mojamos de los pies a la cabeza por la lluvia que caía sin parar (y nosotros sin paraguas…). Cuando ya parecía que las montañas iban a decepcionarles por la cantidad de agua que nos caía, decidí parar en una fantástica cafetería/pastelería en el centro de San Vito di Cadore sabiendo que a un grupo de españoles esto le abría ayudado a ver todo de otra forma. El sacher y el capuchino que nos “zampamos” mejoraron mucho la situación.

Además, al salir de allí vimos como el cielo se había despejado, había empezado a salir el sol y poco a poco se veían todas las montañas (Marcora, Antelao, Pelmo, Sorapis…).

Ya secos y reconciliados con las montañas fuimos a cenar en un refugio en el medio del bosque (refugio Larin de San Vito de Cadore). Creo que fue la guinda. La emoción de entrar de noche en un bosque desconocido, el cielo lleno de estrellas que formaban una corona alrededor de las montañas alumbradas por la luz de la luna y la comida casera conquistaron a mis invitados.

El día siguiente seguimos “paseando por la montañas” yendo antes al mítico Lago de Misurina, de donde se veían las maravillosas Tres Cimas de Lavaredo, y luego bajamos a comer a Auronzo donde dimos una vuelta con el Fun bob (una manera divertida de reutilizar las pistas de esquí en verano…).

Finalmente fuimos a dormir en Treviso para recuperar fuerzas para el día siguiente que se preveía bastante lleno. Estrella y yo teníamos una boda (ya os contaré en otro post) mientras que los otros españoles tenían un tren que los llevaría a Venecia (creo que ya no hace falta que diga que es un medio de transporte muy cómodo para ir a visitar Venecia :-) ).

A los dos grupos las cosas nos fueron bastante bien (un poco menos a los “venecianos” porqué un barco-taxi se los llevó a Murano y no les dio tiempo entrar a la Basilica de San Marco) y ya el día siguiente estábamos listo para terminar las vacaciones con la “boda italiana” de Estrella y mía.

De hecho mis padres organizaron una comida para celebrar la entrada a la familia de Estrella y de dos sobrinillos que nacieron este año y lo hicieron en un restaurante rural en las colinas cerca de Treviso (la zona de origen de mi madre). Fue una fiesta muy bonita con mucha gente y mucha comida típica de la zona (varios embutidos, primeros, vinos…), pero el rey fue “lo spiedo”, un pincho gigante con mucha carne muy buena (si podéis buscadlo en la zona de Pieve de Soligo, Valdobbiadene, Refrontolo…).