Después de demasiado tiempo por fin vuelvo a mi blog. Le he echado de menos en estas semanas, pero la compra de nuestro nuevo piso (que culminó antes de ayer en la notaría) me ha ocupado la cabeza más de lo que podía pensar.Han pasado muchísimas cosas en Italia como en España y no pude describirlas, pero espero recuperar el tiempo perdido a partir de hoy.

Empiezo con un post que molestará a muchas mujeres españolas pero es algo que me ha llamado la atención desde los primeros días de mi llegada a España.

Hace un mes una sentencia del Tribunal Supremo italiano afirmó algo que, si se aplicara en España, causaría una revolución en las programaciones de las televisiones españolas, llenas de horribles programas del corazón.

Traduzco parte de la sentencia:

“el derecho de crónica no se puede entender como derecho a estimular la curiosidad lúbrica del público”… “aunque los acontecimientos privados de personas ocupadas en la vida política o social pueden resultar de interés público cuando permiten descubrir elementos de evaluación de la personalidad o de la moralidad de quien tenga que gozar de la confianza de los ciudadanos, la simple curiosidad del público no puede justificar la difusión de noticias sobre la vida privada de los demás, porque es necesario que esas noticias revistan objetivamente interés para la colectividad’”.

Que gozada sería si se aplicara algo parecido en España y desaparecieran esos absurdos programas. Cuando llegué de Italia (país que considero bastante cotilla) no podía creer a mis ojos viendo la cantidad de cotilleos que ocupaban un gran porcentaje de las horas de programación de las principales cadenas de televisión: montañas de debates sobre la vida sentimental de hombres y mujeres famosos casi sólo por su vida privada, descrita con detalles sobre cuernos, bodas, embarazos, fotos robadas de culos y tetas…

Y lo que más me parece increíble es que todas las noches del viernes y del sábado haya programas dedicados a noticias tan superficiales que duran casi 4 horas. Yo pensaba que estas cosas pudiesen interesar sólo a mujeres mayores o personas sencillas sin grandes intereses, pero esta avalancha demuestra que el público objetivo es amplísimo.

Y luego dicen que los hombres somos muy básicos…